Los movimientos de los pueblos bárbaros que tuvieron lugar antes y durante la caída del Imperio Romano representaron un momento crucial en la historia de Europa. Sin embargo, ¿es cierto el estereotipo del vándalo que llega arrasando el Imperio Romano? ¿Las migraciones bárbaras fueron las causantes de su caída? ¿Hablamos de invasiones bárbaras o de migraciones bárbaras? ¿El “otro” es el culpable?
Primero, debemos destacar que los movimientos migratorios de los bárbaros tenían menos atisbos de conquista e invasión, y más bien atendía a la necesidad de supervivencia frente a factores como el cambio climático, la presión de otros grupos nómadas como los hunos y la atracción de una promesa de vida en el mundo romano.
Sí, es cierta y probada la contribución de los bárbaros al proceso de desintegración de Roma, pero esto debe entenderse en un contexto más amplio que incluye tanto factores internos como externos que debilitaron al Imperio.
Entre los factores internos podemos destacar una prolongada crisis económica dentro de Roma, exacerbada por la devaluación de la moneda, la alta presión fiscal y una creciente corrupción e ineficiencia administrativa. Esto debilitó la base económica necesaria para sostener el ejército y la administración imperial, y socavó la autoridad del gobierno central.
Pero más importante aún, porque las crisis económicas y políticas las hemos tenido todos, fue el debilitamiento militar, el abandono de las fronteras y la reducción en el reclutamiento y en la calidad de las tropas. Este escenario tenía como consecuencia una dependencia creciente de mercenarios que tenían lealtades cuestionables. Sí, las legiones romanas ya no eran las mismas tropas heróicas y comprometidas de los tiempos de Julio César.
Siendo así, el impacto de los bárbaros como factor externo debe entenderse como parte de un proceso más amplio de transformación y adaptación dentro del mismo pueblo romano. Estos pueblos migrantes actuaron como catalizadores de un colapso que ya estaba en marcha debido a problemas internos profundos.
El resultado realmente no fue la implosión del Imperio Romano, sino la mezcla cultural y política que configuró el desarrollo de la Europa medieval y los Estados europeos.
“Así pues, por diversas y buenas razones, desde los años sesenta los arqueólogos han ido abandonando la hipótesis de la invasión y buscando otros tipos de explicación totalmente distintos (...) En vez de hablar de grupos sucesivos de invasores expulsándose unos a otros, el pasado de Europa está poblado actualmente de seres humanos que fueron adquiriendo nuevos conocimientos y que, con el tiempo, fueron desarrollando nuevas estructuras económicas, sociales y políticas”.
Heather, Peter "Emigrantes y bárbaros
Nosotros y ellos, luego todos
La percepción de los bárbaros por parte de los romanos estaba profundamente arraigada en una dicotomía cultural heredada de los griegos, donde se establecía una clara división entre la civilización y la barbarie.
Los romanos se reconocían como los herederos de las tradiciones helenas y, por tanto, los garantes de la civilización, las leyes y la cultura. ¿Esto no les parece muy actual?
Bueno, esta mentalidad de “protectores de la civilización” tenía como contraparte a los bárbaros, a quienes veían como pueblos incultos y violentos que vivían fuera de los límites del mundo civilizado.
Sin embargo, si leemos a profundidad, la interacción entre romanos y bárbaros fue más compleja de lo que la simple dicotomía cultural sugiere. En muchas ocasiones, los romanos establecieron alianzas con estos pueblos, integrándolos en su ejército y permitiéndoles el asentamiento como aliados dentro del Imperio Romano.
A cambio de tierras y autonomía, los bárbaros ofrecían su servicio militar en similares condiciones que los romanos, lo cual muestra una relación de mutua dependencia. Así, destaca sobre todo a partir del siglo IV la presencia de los bárbaros en suelo romano principalmente en dos tipos de actividades: el ejército y el cultivo de tierras.
Debemos reconocer que este proceso de integración no siempre fue pacífico, y en varios casos, las tensiones y conflictos internos contribuyeron al debilitamiento del poder central romano, por ejemplo el saqueo de Roma en 410 por los visigodos bajo el mando de Alarico, que simbolizó el colapso de la autoridad imperial en Occidente.
Sin embargo, es importante destacar que luego de la caída de Roma, muchos de estos pueblos bárbaros adoptaron elementos de la cultura romana, mostrando un proceso de hibridación cultural que sería fundamental para la formación de nuevas identidades y estructuras sociales dentro de las futuras sociedades medievales europeas.
Finalmente, la lectura es que las migraciones bárbaras se convirtieron en un necesario hilo más dentro del tejido que legaron los romanos a los nuevos Estados de Occidente, sirvieron de puente entre la “civilización romana” y lo que somos ahora. Así, como lo canta ahora Jorge Drexler: nada se detiene, todo se transforma.
“Las relaciones entre grupos étnicos de ninguna manera son uniformes (...) la identidad es dinámica. De la misma manera que las situaciones y los marcos cambian según el contexto social y geográfico, su interrelación significa que cambian con el paso del tiempo. Las etnicidades se pueden reordenar en importancia, las nuevas identidades se pueden hacer accesibles y las viejas perder significado sólo, quizás, para ser redescubiertas más tarde. Es algo que está muy claro en Europa durante la ruptura de Imperio romano y las migraciones bárbaras”
Definiendo Identidades, Guy Halsall
Pero, ¿quiénes migraban y por qué?
Bajo el término de las migraciones bárbaras se agrupan diversos pueblos germanos: visigodos, ostrogodos, francos, burgundios, vándalos y alamanos, entre otros, que presionados por razones políticas, económicas o sociales encontraban dentro de los límites de Roma un espacio seguro para vivir.
Limitaremos a tres razones esperando no simplificar un proceso tan complicado como lo es la migración, tanto para quien migra como para sus receptores:
Presión de otros grupos: los hunos, una tribu nómada de Asia Central, empujaron a varios pueblos germánicos hacia el oeste y el sur. La presión ejercida, y sobre todo el trato dado a las tribus invadidas, les obligaba a buscar refugio y nuevos territorios dentro de las fronteras del Imperio Romano.
Factores socioeconómicos: cambios climáticos, como el enfriamiento del clima y la disminución de tierras fértiles, así como la tenencia de tierras que no respondían a las necesidades alimentarias de estos grupos migrantes.
Factores aspiracionales: el Imperio Romano, con sus vastas tierras y recursos, representaba una oportunidad atractiva para estos pueblos. La promesa de tierras fértiles, riqueza y mejores condiciones de vida a cambio de servicios militares, por ejemplo, jugaron un papel importante en las migraciones.
Pero, quiénes eran estos migrantes que, vale decir, a sí mismo no se reconocían como “bárbaros”. La historiadora Purificación Ubric en su ensayo “La integración del bárbaro en la vida cotidiana del Imperio romano tardío” nos presenta la siguiente descripción:
“Los bárbaros eran un elemento extraño para los romanos, porque vivían de un modo muy distinto a ellos, tenían costumbres diferentes, se comportaban de una forma distinta, tenían su propia fisonomía, modo de hablar, vestir, actuar... A los bárbaros, que miraban el Imperio desde sus confines, éste se les presentaba como un mundo atrayente por su riqueza y abundancia, como un paraíso, con atractivas oportunidades políticas, económicas y sociales, que podían proporcionarles la felicidad”.
El historiador Peter Heather en su obra “Emigrantes y bárbaros” los describe como grupos familiares protegidos por pequeños ejércitos, destaca que 8 de cada 10 migrantes viaja con sus familias.
“Las historias de todos los grandes grupos que penetraron en el Imperio en los dos momentos de colapso de las fronteras siguieron un rumbo parecido. Sus entradas iniciales en el territorio romano -fundamentalmente sin que nadie los invitara- vinieron seguidas de períodos de lucha armada. Tuvieron que obligar al Imperio a aceptar que no podía derrotarlos y que tampoco podía imponerles su política habitual de sometimiento e integración de inmigrantes”.
Unos lo lograron, como los tervingios y los greutungos; otros como los taifalos, sármatas y algunos subgrupos góticos aislados no lograron superar esa prueba militar inicial, y recibieron un trato mucho más duro, y la total pérdida de identidad cuando sus integrantes fueron distribuidos como mano de obra esclava entre los terratenientes romanos.
Esta interacción entre ambos pueblos, positiva o negativa, forzada o no, dio como resultado que con el paso del tiempo la integración y adopción de costumbres mutuas se hiciese efectiva. Ya los bárbaros no eran invasores violentos, sino pueblos en movimiento, buscando nuevas tierras y oportunidades.
Esta convivencia permitió que ambos grupos reconocieran que las diferencias y conflictos que pudieran tener no eran obstáculos insuperables para vivir juntos, ya que en el fondo no eran tan distintos como inicialmente se podría haber creído. Obviamente, el Imperio Romano pasó, pero los pueblos quedaron y nos legaron lo que hoy conocemos como Occidente.
Bibliografía:
Veyne, Paul (1991) "Humanistas": los romanos y los demás. En: Andrea Giardina (et al.) El hombre romano (pp.). Madrid. Alianza Editorial: 395-422.
Heather, Peter (2010) "Emigrantes y bárbaros". En: Peter Heather. Emperadores y bárbaros: el primer milenio de la historia de Europa. Barcelona, Crítica: 38.
Ubric Rabaneda, Purificación (2009) Hacia la superación de los prejuicios: la integración del bárbaro en la vida cotidiana del Imperio romano tardío. En: Gonzalo Bravo i Ricardo González Salinero (eds.). Formas de integración en el mundo romano. Madrid. Signifer: Monografías de Antigüedad Griega y Romana: 59-73.
Heather, Peter (2010) "Emigrantes y bárbaros". En: Peter Heather. Emperadores y bárbaros: el primer milenio de la historia de Europa. Barcelona, Crítica: 222
