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19/02/2026 17:48
Satiricón, la vida es un viaje pero Encolpio quiere bajarse

Satiricón, la vida es un viaje pero Encolpio quiere bajarse

Satiricón es el relato de un joven romano en medio de los avatares, la decadencia y la gloria del Imperio, presentado por Federico Fellini (1920-1993), un director de cine italiano reconocido por su fuerza teatral y su increíble galería de personajes esperpénticos. 

Es una historia brutal, oscura, poderosa. Pero también es vital, renovadora y sobre todo, es un periplo en el que tanto la oralidad como la estética se hacen protagonistas. 

"Éramos objetos destinados a servir de pasatiempo"

Satiricón no se trata exactamente de un viaje planificado. Es un recorrido de avatares que muestra el mundo romano de los pobres, de los ricos, de las mujeres, de los esclavos, de la fe, de los mitos, del sexo y la oración. 

En el medio, nuestro héroe, Encolpio; que unas veces es estudiante, otras es esclavo, otras es “esposa” de un  mercader rico, otra es “gladiador” pero siempre es amigo del poeta Eumolpo y de su querido Ascilto. 

Una de las frases más poderosas de Satiricón es “prisioneros de la loca de Taranto, éramos objetos destinados a servir de pasatiempo”. ¡Qué romano, qué medieval, qué moderno y qué contemporáneo suena esto! 

De hecho, ahora nosotros mismos podemos ser el pasatiempo. Y para aquel mayo francés del 68, año en que realiza la película, Fellini sin duda tendría motivos y maneras de demostrarlo. 

El historiador Francisco Salvador Ventura, en su obra El mundo Clásico en el Satiricón de Fellini lo define como una repetición de la Dolce Vita a la romana y destaca: 

“Ha habido quien, con acierto a mi juicio, ha sostenido que Fellini en cierta medida había elaborado una especie de dolce vita de la Roma antigua. En la que se limitaba a retratar a una serie de personajes que pululaban durante la época (...) El mayo francés está muy próximo y sus ecos de una manera particular feliniana podríamos decir, están claramente presentes en los fotogramas de la película”.

La fuga y la deriva

Algo muy significativo de Satiricón es la inestabilidad de las cosas, de los personajes y de su status. Hoy un poeta, mañana un mercader rico que viaja a África. Hoy una familia en su domus, son 5 hermosos niños, y más esclavos; al día siguiente arruinados, suicidándose mientras esperan que los centinelas lleguen a apresarlos por deudas.

Todo esto en medio de una violencia inherente a la sociedad y a las tensiones propias entre las clases y los géneros. 

Y por esto cuando, según Ventura, Fellini describe a sus personajes como “jóvenes de esta época, individuos que rehuían las convenciones y obligaciones sociales,  que se dedicaban a vivir al día (...) que pasaban sin ningún tipo de rémora de una aventura a otra, intentando continuamente satisfacer sus apetitos” es muy fácil entender sus motivos.

En la Roma que nos describe Fellini nada es definitivo, y el poeta Eumolpo lo sabe muy bien cuando recita “nosotros no somos más que burbujas”.

Lo que nos diferencia

Sin embargo, hay algo más allá de la historia y es la estética de Satiricón como arte y parte de lo que narra. Y es así, y nos impacta porque no nos pertenece. Pero, desde el inicio ya ves los mundos oscuros y compartidos de los romanos pobres, frente a los coloridos, exquisitos y privados de los romanos ricos. 

Jerry Tonner en su libro Sentidos Comunes lo define mejor. Miren. 

“La vida en Roma era una experiencia intensamente sensual. Dado el impacto potencial de las sensaciones sobre la salud y la moral, para la élite era vital mantener sus sentidos bajo control. Mediante el control de su entorno, podían exhibir su poder y al mismo tiempo recrear su estatus. Como ha mostrado Wallace-Hadrill, en la decoración doméstica de los ricos había una jerarquía de colores: el blanco era el color más barato luego venían el amarillo, el rojo, el azul era raro, y el negro solo se usaba en aposentos esplendrosos para crear un área de valor, lujo y prestigio elevados.”

Creo que esto se representa con creces en Satiricón, en las insulas pobres y en sus villas ricas. 

Pero no creas que esto sería así por siempre, en la película y a lo largo de la historia romana puedes verlo. Tu riqueza y gloria duran lo que dure tu mejor apuesta (política o económica), o la de  tu marido o amo. Y es esta inestabilidad la que hace que incluso en los escenarios más fastuosos, de disfrute, aún se sienta la violencia, el control, la inminente caída en desgracia. 

Y solo hay una manera de escapar, y es huir del mundo romano. Encolpio, que durante el recorrido ha sido desde estudiante hasta mujer de mercader, decide que quiere ser un hombre libre, lejos de Roma.